martes, 22 de mayo de 2012

Jornada 3. Grupo E. Mario Gómez pone al Liverpool en el alambre.

Uno de los grandes clásicos europeos por fin llegaba a tierras alejandrinas. En la tercera jornada de la fase de grupos medían sus fuerzas Liverpool y Bayern en el eterno Anfield. Dos colosos europeos y un legendario coliseo. Todos los ingredientes se juntaban para ofrecer un fabuloso espectáculo al que también se sumaba la apretadísima situación del Grupo E tras los cuatro empates registrados en las dos jornadas previas, los cuales situaban a los cuatro componentes del grupo empatados a puntos. De este modo daba comienzo el duelo a orillas del Mersey, con nueve Ligas de Campeones sobre el terreno de juego y con todas las estrellas de los dos conjuntos sobre el césped. Los primeros compases del choque estuvieron marcados por la intensa lluvia, que apenas permitió el lucimiento individual de los jugadores al dejar el terreno de juego prácticamente hecho un pastizal. Tuvo que ser la afición de Anfield la animadora del choque en estos minutos, en los que se sucedían las imprecisiones. Finalmente lució el sol, y con él apareció la inspiración de los veintidós jugadores. Poco a poco el encuentro fue tomando el carácter de lo que es, un clásico europeo, y el juego ganó en intensidad y ocasiones. En este contexto acabó llegando el primer tanto al duelo, por parte del cuadro bávaro y obra de Thomas Muller con un disparo lejano. Toda la pimienta estaba ya puesta, así que sólo quedaba aguardar una reacción de los 'reds' que no se haría esperar, pues pronto comenzaron a asediar la meta de Neuer, resistente durante unos minutos, pero no infranqueable, como demostraría Kuyt aprovechando un rechace tras una jugada de estrategia. El partido se sumió entonces en la incertidumbre, pues ninguno de los dos equipos quería arriesgar, sabedores de lo mucho que estaba en juego. Por ello, el balón apenas salió del círculo central en el tramo final del choque, y ambos técnicos parecieron conformarse con las tablas. Pero reunir a tantas estrellas sobre un mismo terreno de juego tiene ciertos riesgos, y uno de ellos es el hecho de que alguna de ellas pueda romper, de imprevisto, los esquemas. Y en esta ocasión fue el ariete germano Mario Gómez quien lo hizo, con un fortísimo disparo raso y cruzado imposible para Reina. De este modo, el cuadro de Heynckes cerró el duelo (1-2) encarrilando su pase a los octavos de final, sumando a su vez cinco puntos por dos de los ingleses.

Mientras, en el otro duelo del grupo, los dos equipos 'a priori' inferiores, Sporting y Anzhi, medían sus fuerzas en el José Alvalade. Ambos clubes llegaban a la cita igualados en la tabla con dos puntos, lo que añadía al duelo un interés aún mayor. Con todos sus hombres a disposición, Sã Pinto planteó un choque intenso y físico, mientras que Hiddink, mucho más defensivo, plantó una poblada línea defensiva sobre el césped. Con estas declaraciones de intenciones echó a rodar el cuero, pronto monopolizado por el conjunto luso. Muy superiores en el centro del campo, los 'leones' de Lisboa se merendaron minuto a minuto al bloque ruso, que fue reculando cada vez más y más hacia su portería hasta que quedó prácticamente limitado a su área. Para colmo, el césped, en bastante mal estado, presentaba su peor aspecto en los aledaños de la meta de Gabulov, lo que dificultaba seriamente el posicionamiento de los zagueros rusos. Así, se acabaron reuniendo todos los ingredientes necesarios para que el Sporting abriese la lata. Fue precisamente un ruso, Izmailov, quien lo logró. A partir de ahí, monólogo de los lusos, apenas afectados por la rápida reacción del Anzhi (Jucilei empató apenas dos minutos después del 1-0), que no se vería truncado ni con el cambio de campo tras la reanudación. Especialmente destacado fue el papel de Carriço en el segundo acto, autor de dos goles, a los que se unieron otro de Van Wolfswinkel y uno más de Xãndao. Etoo maquilló el resultado entre medias del aluvión de goles. Al final, 5-2 que lanza al Sporting a la primera plaza del grupo con 5 puntos y envía al Anzhi al farolillo rojo, con dos.